miércoles, 30 de septiembre de 2020

PEREGRINAJE AL VALLE DE LA CONVENCION

   


Todos los del grupo, anímicamente emocionados por el viaje, el peregrinaje al valle de la Convención, a Quillabamba, una ciudad exótica de un clima tropical, pero también como tantos pueblos amazónicos, abandonado a su suerte.

   Si bien el camino ya no es como algunos años atrás, debido al mejoramiento y asfaltado de la vía Cusco-Quillabamba, aun así la ruta es un camino serpenteante de curvas y con el riesgo de que se presenten intensas precipitaciones pluviales.

  El grupo de hermanos que iniciaron esta expedición, estaban guiados por el entusiasmo y la fe de Rasu, Pascual, Valerio, Nicolás, Andrés, Felipe y Teobaldo, este último, era originario del valle de la Convención.      

  Una vez que pasaron la ruta del Abra Málaga, el paisaje cambio completamente, bastante vegetación al tipo selvático, atraviesan diferentes pueblos, lugares de clima netamente tropical, la gente camina con escaza ropa.

  Al fin llegaron a Quillabamba, capital de la provincia La Convención, “La Ciudad del Eterno Verano”. El bus los dejo en la Plaza Grau, muy cerca del Mercado Modelo.

–Bien ahora donde vamos a comer, antes de visitar a nuestros hermanos –dijo uno de ellos.

–Vayan al “Cherraton” –dijo Teobaldo.

–Sheraton será, bueno con tal de comer algo –dijo Pascual.

–Yo quiero un saltadito –dijo Andrés.

¿Tu? –pregunto Rasu.

–Un arroz con huevo –dijo Valerio.

 Un lugar clásico para los visitantes de a pie es el “Cherraton”, próximo al Mercado Modelo, con atención mañana y tarde, “carritos” que disponen de platos sencillos y económicos, los más pedidos el “arroz con huevo” y “saltadito”,  acompañado de infusiones, todas las carretas tienen su televisor a color.

  Pascual y Nicolás pidieron como aperitivo unos deliciosos picarones hechos con harina de mango y camote con aderezo de miel. 

  A manera de conocer más el lugar, fueron a la estación de ferrocarril, situada a la otra margen del rio Vilcanota, próximo a Pavayoc.

–Que paso aquí –dijo Felipe

–Un aluvión provoco el desastre en 1998, durante el periodo del fenómeno “El Niño”, llevándose parte del tendido de rieles y viviendas, ocasionando caos y muerte, pérdidas materiales y el puente que une la ciudad y Pavayoc.  –dijo Teobaldo

 Caminaron al borde del rio Vilcanota, atravesando algunos cursos de agua, para llegar a la parroquia principal donde les esperaba el hermano mayor Fray Samuel.

 Se detuvieron un momento para descansar, se les acercaron numerosos insectos de la más variada forma y colores, también divisaron unos pájaros llamativos de pecho amarillo, cabeza color negro y pico alargado, con un canto reconocible.

–Aquí le llaman el “Pusti” –dijo Teobaldo.

  Varios niños con sus pantaloncitos y camisas muy usados, todos calzando ojotas, se les acercaron a saludarlos.

–Donde están sus padres –les pregunto Nicolás.

–Han salido a trabajar, tenemos hambre –dijo uno de los párvulos.

  Los frailes menores llevaban su merienda para el camino, decidieron darles todo a los niños.

–Nosotros podemos aguantar, ellos necesitan más, están desarrollándose… –dijo Fray Rasu.

   El sacerdote Samuel, hermano mayor franciscano del lugar, los recibió con satisfacción, asignándoles a los hermanos visitantes el lugar donde iban a realizar la labor evangelizadora.

 –Cuatro se irán al distrito de Echarate, dos al distrito de Huayopata y uno al distrito de Maranura, no será por mucho tiempo, traten en lo posible evangelizar y ayudar espiritualmente a los pobladores –les dijo Samuel.

–Eso haremos –dijo Felipe.


Fray Rasu tomo un colectivo del lugar y llego en menos de media hora a Maranura, luego camino mucho, buscando la iglesia, encontró una capilla en material de bloques de adobe, deshabitado, casi abandonado, no había nadie.

 La calle principal tenía el aspecto de una ciudad del viejo oeste americano, en medio estaba la vía férrea.

–Tendré que ir a la institución educativa –dijo para sí.

 Luego de cruzar terreno silvestre casi inhóspito, arboles inmensos, al fin pudo divisar el colegio Micaela Bastidas.

 Un portero algo cabizbajo llamado Jacinto, lo hizo ingresar, era una hora apropiada, la señora Directora lo esperaba en su oficina.

–Que bien que llego usted, no sé qué hacer con los alumnos, cada día están más indisciplinados, ya no respetan ni a sus profesores, ya no quieren ni creer en Dios –le dijo.

Aquí estoy Señor

Dispuesto a la misión

Dispuesto a la batalla

Pues sé que tú nunca me fallas

Tú eres fiel

Confió en ti señor

Mi escudo es tu amor

Sin miedo avanzare

Pues mis temores perderé

Y seré un triunfador

Aquí estoy, aquí estaré

     Fragmento de novela:

"NO DORMIRAS PARA SIEMPRE"

Autor/Titular: Jorge Naval

  Nro. Partida Registral: 00520-2020

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