-¡Así como a ti te gusta el futbol, a mí también! –me dijo un aficionado.
-Si el futbol nos gusta, es porque lo hemos mamado desde muy
pequeños –le afirme.
Un deporte tan sencillo, vi a niños y hasta adultos jugar
con botellas de plástico, latas, trapos engurruñados que hacían las veces de
balón y nada más simple para remplazar las porterías, cuatro piedras iguales en
el suelo.
Por tradición este deporte se ha considerado “una cosa de
brutos y no de intelectualidad”, evidentemente es el deporte más popular a
nivel planetario. El fenómeno social por antonomasia de nuestro tiempo.
Aun cuando Jorge Borges, a quien admiro por sus escritos,
sentencio en más de una entrevista periodística que “el futbol era una cosa
estúpida, un deporte estrictamente feo”, “once jugadores contra once, corriendo
detrás de una pelota, no son especialmente hermosos”, expresión que hundía el
cuchillo en el corazón de la patria futbolera.
No es razón para estar abatido, muy por el contrario, puedo
decir que ¡Me gusta el Futbol¡ porque lo he jugado, lo he vivido, porque aprendí
a admirarlo, apreciarlo, porque es un deporte que lo juego, porque quiero,
porque cuando somos buenos se convierte en un arte, por un montón de motivos
que quizás para ti no tienen sentido, pero para mí sí. Me encanta el futbol y
soy feliz en ello.
El futbol es lo que sientes, nos gusta la emoción, la adrenalina, el placer de poner todo en un juego, el sudor, la fuerza y hasta las peleas. Pero lo que lo hace más grande es el gol, los goles son la salsa del futbol, por eso alegóricamente, el goleador es el mejor poeta del año.
A continuación los sentimientos de un jugador, de un amateur, de un vate anónimo:
¿Cómo vas a saber lo que es el amor?
Si nunca te identificaste con un equipo, con un club.
¿Cómo vas a saber lo que es el dolor?
Si jamás un zaguero casi te rompe o te rompió la tibia y el
peroné.
¿Cómo vas a saber lo que es solidaridad?
Si jamás saliste a dar la cara por el compañero golpeado
desde atrás.
¿Cómo vas a saber lo que es poesía?
Si jamás hiciste una gambeta.
¿Cómo vas a saber lo que es la soledad?
Si jamás te paraste bajo los tres palos.
¿Cómo vas a saber lo que es el egoísmo?
Si nunca hiciste una de más, cuando tenías que dársela al
que estaba solo.
¿Cómo vas a saber lo que es la injusticia?
Si nunca te saco tarjeta roja un árbitro parcializado al
equipo rival.
¿Cómo vas a saber lo que es el odio?
Si nunca hiciste un gol en contra.
¿Cómo vas a saber lo que es la vida?
Si nunca jamás, jugaste al futbol.
Por lo menos a mi estas frases me llegan al corazón y me conmueven, pero es normal que el futbol a algunos no les llame la atención, a otros les da igual y a muchos nos apasione.
En mi opinión este deporte es mucho más espectacular, pero “para gustos los colores”. Sin duda hay mafias, violencia, negocio, corrupción, pero también hay nobleza, lealtad, alegría, arte, virtudes que lo ubicamos fácilmente en el amateur. El futbol es una metáfora de la vida, un ámbito de la humanidad, si se entiende como un lugar en el que uno pone valores, metas y sueños.
Gracias Dios, por dejar existir el futbol.










