Todos los del grupo, anímicamente emocionados por el viaje, el peregrinaje al valle de la Convención, a Quillabamba, una ciudad exótica de un clima tropical, pero también como tantos pueblos amazónicos, abandonado a su suerte.
Si
bien el camino ya no es como algunos años atrás, debido al mejoramiento y
asfaltado de la vía Cusco-Quillabamba, aun así la ruta es un camino
serpenteante de curvas y con el riesgo de que se presenten intensas precipitaciones
pluviales.
El grupo de hermanos que iniciaron esta
expedición, estaban guiados por el entusiasmo y la fe de Rasu, Pascual,
Valerio, Nicolás, Andrés, Felipe y Teobaldo, este último, era originario del
valle de la Convención.
Una vez
que pasaron la ruta del Abra Málaga, el paisaje cambio completamente, bastante
vegetación al tipo selvático, atraviesan diferentes pueblos, lugares de clima
netamente tropical, la gente camina con escaza ropa.
Al fin llegaron a Quillabamba, capital de la
provincia La Convención, “La Ciudad del Eterno Verano”. El bus los dejo en la
Plaza Grau, muy cerca del Mercado Modelo.
–Bien ahora donde
vamos a comer, antes de visitar a nuestros hermanos –dijo uno de ellos.
–Vayan al “Cherraton”
–dijo Teobaldo.
–Sheraton será, bueno
con tal de comer algo –dijo Pascual.
–Yo quiero un
saltadito –dijo Andrés.
¿Tu? –pregunto Rasu.
–Un arroz con huevo
–dijo Valerio.
Un lugar clásico para los visitantes de a pie
es el “Cherraton”, próximo al Mercado Modelo, con atención mañana y tarde,
“carritos” que disponen de platos sencillos y económicos, los más pedidos el
“arroz con huevo” y “saltadito”,
acompañado de infusiones, todas las carretas tienen su televisor a
color.
Pascual y Nicolás pidieron como aperitivo
unos deliciosos picarones hechos con harina de mango y camote con aderezo de
miel.
A manera de conocer más el lugar, fueron a la
estación de ferrocarril, situada a la otra margen del rio Vilcanota, próximo a
Pavayoc.
–Que paso aquí –dijo
Felipe
–Un aluvión provoco el
desastre en 1998, durante el periodo del fenómeno “El Niño”, llevándose parte
del tendido de rieles y viviendas, ocasionando caos y muerte, pérdidas
materiales y el puente que une la ciudad y Pavayoc. –dijo Teobaldo
Caminaron al borde del rio Vilcanota,
atravesando algunos cursos de agua, para llegar a la parroquia principal donde
les esperaba el hermano mayor Fray Samuel.
Se detuvieron un momento para descansar, se
les acercaron numerosos insectos de la más variada forma y colores, también
divisaron unos pájaros llamativos de pecho amarillo, cabeza color negro y pico
alargado, con un canto reconocible.
–Aquí le llaman el
“Pusti” –dijo Teobaldo.
Varios niños con sus pantaloncitos y camisas
muy usados, todos calzando ojotas, se les acercaron a saludarlos.
–Donde están sus padres
–les pregunto Nicolás.
–Han salido a
trabajar, tenemos hambre –dijo uno de los párvulos.
Los frailes menores llevaban su merienda para
el camino, decidieron darles todo a los niños.
–Nosotros podemos
aguantar, ellos necesitan más, están desarrollándose… –dijo Fray Rasu.
–Cuatro se irán al distrito de Echarate, dos
al distrito de Huayopata y uno al distrito de Maranura, no será por mucho
tiempo, traten en lo posible evangelizar y ayudar espiritualmente a los
pobladores –les dijo Samuel.
–Eso haremos –dijo
Felipe.
Fray Rasu tomo un colectivo del lugar y llego en menos de media hora a Maranura, luego camino mucho, buscando la iglesia, encontró una capilla en material de bloques de adobe, deshabitado, casi abandonado, no había nadie.
La calle principal tenía el aspecto de una
ciudad del viejo oeste americano, en medio estaba la vía férrea.
–Tendré que ir a la
institución educativa –dijo para sí.
Luego de cruzar terreno silvestre casi
inhóspito, arboles inmensos, al fin pudo divisar el colegio Micaela Bastidas.
Un portero algo cabizbajo llamado Jacinto, lo
hizo ingresar, era una hora apropiada, la señora Directora lo esperaba en su
oficina.
–Que bien que llego
usted, no sé qué hacer con los alumnos, cada día están más indisciplinados, ya
no respetan ni a sus profesores, ya no quieren ni creer en Dios –le dijo.
Aquí estoy Señor
Dispuesto a la misión
Dispuesto a la batalla
Pues sé que tú nunca me fallas
Tú eres fiel
Confió en ti señor
Mi escudo es tu amor
Sin miedo avanzare
Pues mis temores perderé
Y seré un triunfador
Aquí estoy, aquí estaré
Fragmento de novela:
"NO
DORMIRAS PARA SIEMPRE"
Autor/Titular:
Jorge Naval
Nro. Partida Registral: 00520-2020














