Mi infancia si, fue dulce, también serena, pero no triste y sola, se deslizo en la paz de una barricada cerca al mar, habían varias cantinas, donde los fines de semana, eran bien concurridos por los parroquianos de este pueblo de dos mil habitantes, para ser claros te hablo de los años setenta, en la bonanza de la pesca…
“Salina” y “Tinta”, eran los bravos, los “guapos” de la zona, peleadores por excelencia, no usaban “arma blanca”, todo era a puño limpio. En una oportunidad se enfrentaron a cinco, les sacaron la "mugre", esto lo observaba junto con otros dos niños y admirábamos a esos dos peleadores, pues no eran las únicas peleas, fueron bastantes…
Cuando Salino tuvo en el suelo a uno más fortachón que él, el tipo suplicándole que no lo golpee más:
-Por favor ya no, ya no, te voy a dar mil soles-
-¡Pincho! Mierda – le dijo salino
En otra oportunidad, Salino enamoro y se llevó a la hija del mejor panadero del lugar, había hecho un nido de amor de cañas y esteras…
Puedo pensar que las navidades de mi niñez fueron las mejores, plagadas de ilusión y misterio por la entrega de los regalos, la noche de las velitas, las jornadas saliendo a “adorar al niño” junto con mis amigos… todo alrededor de esos días de festividad…
¡Era el mejor tiempo para ser niño!










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